Siempre ando dándole vueltas a todo, y últimamente pienso
mucho en las cosas que he hecho, que hago, que hare y que debería hacer. Pienso
sobre todo en como una cosa por ínfima que sea puede cambiar el transcurso de
todo o en como el siempre hecho de pararme a pensar y a observar lo que quiere
puede hacer que cambie todo el resultado por el simple hecho de que estoy
dejando pasar el tiempo, por poco que sea.
Hablando de esto se me viene a la cabeza el “Principio de incertidumbre”
, si, esa ley física establecida por el físico alemán Werner Heisenberg (y no
es el de Breaking Bad pero algo tiene que ver con que ese personaje de la serie
tenga ese nombre); según este principio es imposible que determinados pares de
magnitudes físicas sean conocidas con precisión arbitraria, lo que se traduce
en que la precisión con la que se pueden medir las cosas es limitada y
simplemente el mero acto de observar cambia lo que se está observando.
Y con esto volvemos a lo que antes os estaba contando,
quizás dejemos pasar demasiadas cosas en nuestra vida, por vergüenza, por
miedo, por pereza o por miles de motivos simples que no suponen ningún tipo de
barrera física, sino una barrera mental, y esa barrera mental no es más
que nuestro subconsciente que nos hace
pasar una mala pasada.
Por eso siempre he sido de la opinión de que es mejor
arriesgarse, dar ese paso, decir hola a esa persona, decir esa palabra, atreverte
a todo y si después te tienes que arrepentir tendras todo el tiempo del mundo,
pero no usaras ese tiempo en martirizarte por que podía haber pasado si…
Y para este caso me gusta mucho una frase del triatleta Mark
Allen que dice:
“Puedes
continuar para terminar la carrera y las piernas te dolerán una semana, o
puedes renunciar y tu mente te dolerá toda la vida”.
Siempre con una chispita de felicidad.
Valle.