¿Sabéis eso que se ancla en ti y cada vez que intentas dar
un paso para avanzar se agarra más profundamente con los dedos, te rompe la
cascara que con el tiempo habías creado y te vuelve a dejar desnudo, delante de
aquello que fue, de aquello que dejo de ser y te dejo en la más estúpida sensación
que puedas volver a sufrir en tu vida?
Pues eso pasa una y otra vez y otra y otra vez, hasta que
vencido por el desaliento te preguntas ¿Por qué a mí?, y la respuesta la da el
aire, con un silencio absoluto y con la más patética de las miradas que te
puede dar el mundo. Y alguno por ahí te suelta, bah eso es cuestión de tiempo,
y normalmente te dan ganas de pegarle tan fuerte que se quede ahí anclado para
tanto tiempo como el que por su boca sale. Pero las cosas son así, estúpidas,
dolorosas y delicadas.
Cuando empiezas a crecer y a ser mayor te sientes genial, se
te apelotonan un montón de sensaciones que nunca habías vivido y te llenan de un
brillo especial por un tiempo, luego algunas de esas magnificas sensaciones
tornan a cosas más complicadas y gustan algo menos, pero lo peor es que con los
años esas sensaciones se han complicado tantas veces que ya te preguntas si
merece la pena pasar una y otra vez por eso para que al final vuelva a pasar lo
de siempre, y algunos días dices ¡si!, pero otros mandas a la mierda hasta a la
más simple de las complicaciones y esto como ya todos sabéis es crecer,
madurar, afrontar las cosas y seguir el camino hacia delante, dejando muchas
cosas atrás y dándole patadas y puñetazos a muchas otras para poder seguir
adelante. Y como ese pececito que se muerde la cola volvemos al principio de
esta cita.
Y esta es la historia que muchos pasamos y que el resto también
pasan aunque nos lo oculten para hacerse los fuertes, pero todos pasamos por
esto.
Siempre con una chispita de Felicidad.
Valle.
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